Chiguayante, con una población que supera los 85.000 habitantes y asentada sobre la llanura fluvial del río Biobío, enfrenta un desafío técnico constante: la presencia de suelos finos limo-arcillosos con alta sensibilidad a la humedad. La densidad seca máxima y la humedad óptima no son valores teóricos acá, son parámetros de control diario en cada movimiento de tierra. El ensayo Proctor que ejecutamos en nuestro laboratorio entrega la curva de compactación real que el material puede alcanzar con la energía especificada en proyecto. Trabajamos con la norma NCh1534/2, aplicando tanto el método A como el método C según la granulometría del material extraído en la comuna. La diferencia entre un Proctor Estándar bien ejecutado y uno improvisado se traduce en asentamientos diferenciales que en esta zona aluvial aparecen antes de los dos años si no se controla la compactación en terraplenes y subrasantes. Complementamos esta determinación con el ensayo de granulometría cuando el material presenta gravas que obligan a decidir entre corrección o cambio de método.
La humedad óptima en los limos del Biobío no se adivina: se mide con Proctor cada 500 m³ de material heterogéneo o el control de compactación pierde trazabilidad.
