Cuando armamos el equipo de perforación en Chiguayante, lo primero que revisamos es la cabeza del martillo de percusión y el estado de las barras de inyección. No es lo mismo perforar en los suelos graníticos del cerro Manquimávida que inyectar lechada en los limos arenosos cerca de la ribera del Biobío. La geografía de la comuna, con sus laderas que caen hacia el río y sus mesetas densamente pobladas, exige un control milimétrico en la instalación de anclajes. Un anclaje bien diseñado trabaja en silencio, conteniendo el empuje del terreno durante décadas. Para entender el comportamiento del subsuelo antes de definir la longitud del bulbo, complementamos con sondajes SPT en las zonas de acceso complejo, lo que nos da un perfil de resistencia claro antes de mover el equipo de inyección al punto exacto.
Un anclaje bien ejecutado en los suelos de Chiguayante no se siente, simplemente evita que el cerro se mueva bajo tus zapatas.
