Trabajar en Chiguayante significa enfrentarse a dos realidades geotécnicas muy distintas en un mismo día. Pasamos de la terraza fluvial consolidada en la ribera norte del Biobío, con gravas arenosas que vibran bajo la placa, a los suelos residuales de granito en los faldeos de los cerros Manquimávida o Lonco, donde la meteorización te juega una mala pasada si no controlas la energía de compactación. Por eso el ensayo de densidad de campo con cono de arena se vuelve indispensable: no es lo mismo compactar una base granular para pavimento flexible en la zona baja que un relleno estructural en ladera. La norma NCh 1516 establece el procedimiento, pero el criterio para elegir el punto de ensayo y la frecuencia de control lo da el conocimiento del terreno local. Antes de abrir el hoyo conviene revisar la granulometría del material, y para eso complementamos con un ensayo de granulometría que confirme que el tamaño máximo no falsee el volumen del cono.
En suelos graníticos residuales de Chiguayante, la densidad seca máxima del Proctor modificado puede caer un 8% si el material pierde estructura durante el secado al horno.
