El subsuelo de Chiguayante no es uniforme. Mientras los sectores cercanos a la ribera norte del Biobío —como Villamávida o Lonco— presentan depósitos fluviales con alta presencia de arenas limosas sueltas, las zonas más elevadas hacia los faldeos de la Cordillera de la Costa muestran perfiles residuales más competentes. Esta diferencia de apenas unos metros define la estrategia de diseño. En Chiguayante, la vibrocompactación se vuelve indispensable cuando los estudios preliminares detectan densidades relativas por debajo del 60% en arenas saturadas, especialmente tras eventos como el 27F, que evidenciaron la susceptibilidad a la licuefacción en el Gran Concepción. Para caracterizar estos perfiles antes de cualquier intervención, complementamos la exploración geotécnica con ensayos CPT que permiten mapear la resistencia de punta en continuo y detectar los estratos críticos donde la vibrocompactación tendrá mayor efecto.
La clave en Chiguayante es anticiparse a la saturación invernal: un diseño de vibrocompactación sin control de agua es una obra detenida.
