La terraza fluvial sobre la que se asienta Chiguayante, modelada por depósitos aluviales del río Biobío con intercalaciones de arenas finas y limos de baja plasticidad, impone condiciones de subsuelo que requieren un control riguroso durante cualquier excavación profunda. Con una población que supera los 85 000 habitantes y un crecimiento inmobiliario que presiona hacia terrenos con pendiente hacia el cerro Manquimávida, el monitoreo geotécnico de excavaciones se convierte en la herramienta que anticipa desplazamientos y evita afectaciones a estructuras vecinas. La experiencia recogida en proyectos de Chiguayante indica que la combinación de suelos granulares sueltos y un nivel freático estacional cercano a los 4 metros en zonas bajas exige lecturas de inclinómetros y piezómetros con frecuencias semanales, ajustadas a los protocolos de la NCh2369 para cargas sísmicas. Para obra en suelos blandos del sector sur, combinamos el control de excavaciones con el ensayo CPT cuando se requieren perfiles continuos sin alterar la muestra, y la estabilidad de taludes para evaluar el riesgo de cortes en laderas.
La lectura temprana de un inclinómetro en Chiguayante puede anticipar desplazamientos milimétricos antes de que se manifiesten en la superficie.
