La expansión de Chiguayante hacia los faldeos de la Cordillera de la Costa, sobre todo en sectores como Leonera y Manquimávida, ha puesto a prueba los modelos geotécnicos tradicionales. La ciudad, con más de 85.000 habitantes y emplazada en la ribera norte del río Biobío, presenta una geología compleja donde los depósitos fluviales del Holoceno se interdigitan con coluviones de matriz areno-arcillosa que no siempre responden como predice la sísmica de refracción simple. Por eso aplicamos tomografía sísmica de refracción y reflexión con tendidos de 115 m y 24 geófonos de 4.5 Hz, capturando tanto la onda refractada crítica como los reflectores someros que los métodos convencionales pierden. El procesamiento combinado nos permite mapear el contacto entre el estrato aluvial competente y la roca meteorizada, dato indispensable para definir la profundidad de fundación en edificios de media altura. Antes de ejecutar campañas extensivas, conviene contrastar los perfiles de velocidad de onda P con ensayos directos como los sondajes SPT en los puntos de control definidos por la tomografía, cerrando así la incertidumbre estratigráfica.
La tomografía híbrida refracción-reflexión en Chiguayante detecta reflectores intracapa que la sísmica convencional ignora, reduciendo la incertidumbre en la profundidad de fundación.
