Chiguayante creció sobre terrazas fluviales del Biobío. La ciudad pasó de ser un corredor ferroviario entre Concepción y la cordillera a convertirse en una zona residencial densa. Esa transición dejó un dato geotécnico clave: muchas casas y edificios nuevos se asientan sobre antiguos brazos de río, rellenos antrópicos o lentes de arena suelta. Un estudio de mecánica de suelos acá no es un trámite; es la herramienta que distingue entre un proyecto viable y uno que arriesga asentamientos diferenciales desde el primer año. Nos ha tocado revisar terrenos en Lonco Oriente donde la capacidad de soporte variaba más de un 30 por ciento en menos de 100 metros, un ejemplo clásico de la microzonificación sísmica que caracteriza esta zona.
En la ribera del Biobío, un metro de arena suelta no detectado puede convertir un edificio de 4 pisos en un caso de estudio sísmico.
